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18 de noviembre de 2004

La reelección de Bush beneficiará el comercio con el Este de Asia

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por Daniel T. Griswold

Daniel T. Griswold es Director del Centro de Estudios de Política Comercial del Cato Institute.

La reelección de Bush debería de enviar una señal de tranquilidad a los socios comerciales estadounidenses al Este de Asia de que EE.UU. mantiene un compromiso total con la liberalización del comercio.

Bush y su contendor demócrata, el Senador John Kerry, discrepaban tajantemente durante la campaña en una variedad de temas comerciales concernientes a China y el Este de Asia. Bush reafirmó su compromiso a la expansión comercial y su importancia para la prosperidad estadounidense. Rehusó echarle la culpa al libre comercio por la pérdida de puestos de trabajo en EE.UU. durante la reciente recesión. Lamentablemente, la administración Bush impuso los llamados “salvaguardias” en muebles y vestimenta hechas en China durante la campaña electoral, pero esas acciones fueron la excepción y no la regla.

En contraste, el Senador Kerry trató de explotar, a lo largo de la campaña, las ansiedades acerca del comercio—a pesar de su historial en el Senado a favor del comercio. Para satisfacer a sus bases sindicales, el senador habló frecuentemente sobre la pérdida de puestos de trabajo debido a las importaciones de bienes manufacturados desde China y la deslocalización (outsourcing) hacia India de algunos puestos de trabajo en el sector tecnológico. Él criticó a Bush por no buscar más salvaguardias contra las importaciones chinas y aplicaciones de legislación comercial conocidas como “sección 301” contra China aduciendo manipulación de la moneda y violaciones de derechos laborales. Kerry también criticó a Bush por ser muy suave con China en la Organización Mundial del Comercio y no buscar una sesión especial en la OMC para discutir la prolongación de las cuotas globales en textiles y ropa, las cuales expirarán al final de este año.

La victoria de Bush demuestra otra vez que el proteccionismo no da réditos en la política presidencial de EE.UU. Su victoria le da un mandato para continuar buscando fuertemente tratados comerciales bilaterales, regionales y multilaterales.

Se puede esperar que una segunda administración Bush trabaje duro por lograr llevar a exitoso término la Ronda de Desarrollo de Doha. La ronda fue lanzada en gran parte debido al gran esfuerzo realizado por el incansable representante comercial de los EE.UU., Robert Zoellick. Muchos en Washington esperan que Zoellick de un paso al costado para un nuevo representante comercial; si eso sucede, es de vital importancia que el presidente Bush escoja a un sucesor que este igualmente comprometido a negociar la reducción de barreras comerciales.

Una prioridad fundamental de la administración debería de ser el lograr una cumbre ministerial exitosa de la OMC en Hong Kong en diciembre del 2005, donde mucho del trabajo para concluir la Ronda de Doha pueda ser alcanzado. Para que la ronda sea exitosa la segunda administración Bush tiene que demostrar liderazgo, resistiendo las presiones proteccionistas de industrias domésticas tales como textiles y acero. La administración tiene que estar dispuesta a negociar frenos a los abusos de las leyes “antidumping” en la OMC, a pesar del extenso apoyo hacia esas leyes en el Congreso.

El presidente debe oponerse a cualquier esfuerzo por parte del Congreso para restringir la deslocalización de puestos de trabajo en el sector privado o gubernamental de servicios hacia países en desarrollo. Tales restricciones perjudicarían la competitividad de las compañías estadounidenses, privarían a los consumidores de ahorros en costos y pondría en peligro la exportación de servicios estadounidenses al resto del mundo.

Una prueba de fuego para la segunda administración Bush y su compromiso con la Ronda de Doha será como maneja la re-autorización de la ley agrícola, la cual termina en el 2006. Bush decretó un gran incremento en los subsidios agrícolas en el 2002, pero una exitosa ronda de la OMC sería impensable al menos que tenga la voluntad de poner disciplina a un Congreso más a favor de los subsidios.

La administración también debería de trabajar fuertemente con el Congreso para aprobar el Tratado de Libre Comercio con Centro América (CAFTA por sus siglas en inglés), el cual ya ha sido firmado. Los funcionarios comerciales de Bush necesitan negociar tratados bilaterales y regionales con Tailandia, los países Andinos y con Sudáfrica y sus vecinos. Algunos miembros republicanos del Congreso quieren un tratado de libre comercio con Taiwán, pero tal tratado es poco probable dada las susceptibilidades que provocaría en China.

Mayorías republicanas más grandes en el Congreso de EE.UU. hará más fácil la aprobación de futuros tratados comerciales. El partido Demócrata ha abandonado prácticamente su histórico compromiso de expandir el comercio internacional, especialmente en la Cámara de Representantes. Pero ahora será más difícil para los Demócratas y sus aliados ambientalistas y sindicales bloquear acuerdos futuros. Uno de los cambios simbólicamente más importantes en el Congreso ocurrió en Carolina del Sur, donde uno de los proteccionistas más elocuentes en el Senado, el demócrata Fritz Hollings, será reemplazado en enero por el republicano a favor del libre comercio, Jim DeMint.

Incluso si el Senador Kerry hubiera ganado, la política comercial de EE.UU. no hubiera cambiado dramáticamente del compromiso post-guerra de los EE.UU. hacia un vínculo económico global. Pero la reelección del presidente Bush promete un progreso más rápido en las negociaciones bilaterales y multilaterales, y disminuye el peligro que el comercio de mutuo beneficio entre EE.UU. y China y el resto del Este de Asia caiga, víctima de presiones políticas domésticas.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.