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13 de septiembre de 2004

El compromiso de China está funcionando

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por James A. Dorn

James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).

La economía china ha crecido precisamente porque Pekín ha permitido más libertad económica. Según el Informe Anual 2004 sobre Libertad Económica en el Mundo, entre 1980 y 2000 la calificación de China en cuanto a libertad económica se incrementó de 3.8 a 5.7 (siendo 10 el máximo puntaje). Sin embargo, el incremento sería más sorprendente si uno se enfoca en las provincias costeras, tales como Fujian, Guangdong y Zheijiang, las cuales están muy orientadas hacia el mercado. Además, el índice actual no recoge las liberalizaciones que han ocurrido en China desde el 2002, incluyendo la reciente enmienda a la Constitución que da mayores protecciones a los derechos de propiedad.

La liberalización del comercio ha enlazado a China al sistema internacional de precios, ha incrementado dramáticamente el ingreso per cápita y ha proporcionado nuevas oportunidades a los ciudadanos chinos. En contraste con 1978, cuando el gobierno central tenía estrictos controles sobre los derechos a comerciar con el exterior, en la actualidad virtualmente todas las empresas son libres de importar y exportar.

El crecimiento del comercio exterior de China ha sido asombroso. En 1978 el valor total de las importaciones y exportaciones chinas sumaron solo $20.6 mil millones de dólares. Para finales del 2003, ese valor se incrementó a $851.2 mil millones de dólares—casi el 62% del PIB, haciendo de China unas de las economías más abiertas en el mundo.

No se les debería de permitir a los proteccionistas en EE.UU., que se enfocan en los grandes y crecientes déficit comerciales con China y en las crecientes inversiones estadounidenses en China, a bloquear la liberalización comercial mediante el uso a la ligera de argumentos basados en la seguridad nacional y en los derechos humanos. Fomentar la liberalización del comercio EE.UU.-China es una estrategia en la que las dos partes ganan y puede jugar un importante papel en promover la paz y la prosperidad; contenerlo haría lo opuesto.

El reporte 2002 “Las Implicaciones a la Seguridad Nacional de la Relación entre Estados Unidos y China (The National Security Implications of the Economic Relationship between the United States and China)” de la comisión EE.UU.-China ofrece más de 40 recomendaciones, muchas de las cuales asumen implícitamente que China es una amenaza al poder económico y militar de EE.UU. Sin embargo, el reporte 2004 da de baja muchas de las más onerosas recomendaciones, tales como la creación de un “sistema federal de reporte corporativo” diseñado para forzar a las empresas estadounidenses que hacen negocios con China, a proveer información extensa en todas sus actividades mercantiles, incluso aquellas que no tienen impacto significativo en la seguridad nacional. No obstante, el último reporte continúa percibiendo que los grandes déficits comerciales de EE.UU. con China—con un record de $124 mil millones en el 2003—como una amenaza a la economía estadounidense, especialmente para el sector manufacturero y, por lo tanto, para la seguridad nacional.

La gran premisa del reporte 2004, al igual que el reporte anterior, es que la liberalización económica no ha conducido a cambios políticos o mayor apertura, y que el rápido crecimiento de China plantea un peligro para la seguridad de EE.UU.. Para contrarrestar esa amenaza, la comisión favorece las restricciones al acceso a los mercados de capital de EE.UU. invocando salvaguardias de la OMC para limitar las importaciones de bienes manufacturados seleccionados tales como textiles, y presionando a China para que revalúe su moneda.

A China se le debería de dar tiempo suficiente para cumplir con sus obligaciones con la OMC y los Estados Unidos bajo el acuerdo bilateral de 1999 de acceso al mercado. Estados Unidos debería de trabajar mediante el mecanismo de resolución de disputas de la OMC y apuntar a casos específicos que son significativos, mas que perseguir cada infracción del acuerdo comercial. Es de interés de Washington y Pekín el abrir el mercado chino.

Estados Unidos debería de seguir el camino de Nueva Zelanda y otros países y expandir lo más pronto posible el estatus de economía de mercado a China. El uso de costos de producción de países sustitutos para determinar si China vendió debajo del “costo”, es altamente cuestionable. Ciertamente, la metodología de economías no libres utilizada en casos de antidumping es defectuosa e impide que China alcance su legítima ventaja comparativa en costos (Estados Unidos y la Unión Europea reconoce a Rusia como una economía de mercado, aun cuando ese país empezó las reformas económicas mucho después que China y tiene un nivel de libertad económica menor).

El Congreso no debería de permitir que dominen los intereses proteccionistas en las futuras relaciones EE.UU.-China. El reporte de la comisión EE.UU.-China envía la señal equivocada a los legisladores. En lugar de ver a China como una amenaza, el Congreso necesita cooperar con China en formas que son de mutuo beneficio. Es de interés de China profundizar y extender las reformas económicas abriendo sus mercados de capitales y permitiendo una total convertibilidad del yuan. La amenaza de sanciones por parte de Estados Unidos si China fracasa en hacerlo solo enemistará a China y dañará las relaciones EE.UU.-China.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.