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9 de julio de 2004

Celebrando los principios de la independencia de EE.UU.

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por Roger Pilon

Roger Pilon es director del Centro de Estudios Constitucionales del Cato Institute.

El 4 de julio celebramos el nacimiento de Estados Unidos, hace 228 años, a través de un extraordinario documento: la Declaración de Independencia. En ese documento, nuestros próceres expusieron las razones y la visión moral que los guió: libertad individual, respaldada por un gobierno limitado. Hoy, con demasiada frecuencia, el gobierno no propugna esa libertad individual, sino que cree saber lo que más nos conviene a todos y toma decisiones por nosotros.

Cuando los fundadores de la nación hablaban de libertad querían decir que cada uno de nosotros tiene el derecho a planificar y vivir su vida como mejor le parezca, a buscar la felicidad a su manera, siempre y cuando respete los mismos derechos de los demás. Thomas Jefferson, redactor de la Declaración de Independencia, escribió que todos los hombres son creados iguales y de inmediato definió esa igualdad como nuestro derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La felicidad es una noción subjetiva. Lo que lo hace a usted feliz no es necesariamente lo que me hace a mí feliz. Y eso es lo que hace interesante la vida. Sería muy aburrido si nuestros gustos fueran todos iguales. En una sociedad libre, tenemos el derecho de practicar la religión que queramos, trabajar en lo que nos guste y comprar los productos que queramos, siempre y cuando respetemos los mismos derechos de los demás.

Pero mientras más le pedimos al gobierno que haga cosas por nosotros, más socavamos esa visión. Cada vez que el gobierno crea un nuevo programa “para nuestro bien”, nos obliga a todos a compartir una visión de lo que es bueno. Tome el caso de las pensiones del Seguro Social. ¿Usted se quiere retirar a los 55 años? No, es demasiado temprano. Decidimos que lo puede hacer a los 62, recibiendo un recorte en la pensión si quiere hacerlo antes de los 65 años.

¿Queremos que el gobierno pague por la educación de los hijos? Aquí está la escuela donde se tienen que inscribir y éste es el programa de estudios. Usted responde, gracias, pero prefiero enviarlos a un colegio privado, donde pueda escoger el programa de estudios. De todas maneras tendrá que pagar por la escuela del gobierno.

Se está muriendo de cáncer y averigua que hay una nueva medicina que lo puede salvar. Lo siento, se toma entre 12 y 15 años aprobar la venta de cualquier nuevo medicamento. No nos podemos arriesgar a que sea inseguro o ineficaz.

Hablando de salud, el gobierno actualmente restringe las opciones médicas en infinidad de maneras, tanto directamente como indirectamente, razón por la cual muchos hoy piden que se socialice la medicina como en Canadá. En la educación, al menos tenemos la opción de pagar por la que queremos para nuestros hijos. En Canadá, a quien no le guste la medicina socializada sólo puede acudir a un médico en Estados Unidos. En Canadá es ilegal pagarle a un médico más de lo que el sistema establece. Haga cola.

En esta y en muchas otras maneras, bajo la excusa de ayudarnos, el gobierno nos lanza a todos a la misma paila y decide lo que se debe hacer. La “búsqueda de la felicidad” deja de ser individual y se vuelve colectiva, a través del gobierno. La visión de Jefferson ha sido volteada patas arriba. ¿Es, entonces, casualidad que tantos estemos inconformes con las decisiones que el gobierno toma a nombre nuestro? Imagínese si el gobierno escogiera nuestra religión. Cuando el gobierno toma las decisiones, el individuo pierde todas las opciones. Vea a Cuba y a Corea del Norte.

Jefferson tuvo gran cuidado de poner libertad por adelante y gobierno limitado después, como medio para lograr esa libertad. Los fundadores de la nación imaginaban un mundo en el que cada individuo buscaba su felicidad por sí mismo o formando parte de sociedades voluntarias, como la familia, la empresa, las iglesias, los grupos caritativos, etc. El mundo de individuos privados y sus asociaciones, lo que Tocqueville llamó la sociedad civil, era donde se viviría casi toda la vida, mientras que la función del gobierno se limitaba a hacer respetar nuestros derechos y los de los demás.

La celebración de independencia conmemora nuestra independencia del gobierno todopoderoso.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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