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2 de junio de 2004

Ley de salario mínimo aumenta el desempleo en Hong Kong

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por Marian L. Tupy

Marian L. Tupy es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Hong Kong ha sido un abanderado del capitalismo de libre mercado por varias décadas. Según el informe “Libertad económica en el mundo”, publicado anualmente por el Fraser Institute en Canadá, Hong Kong es la economía más libre desde 1970. Pocos dudan que el libre mercado haya beneficiado a la gente de Hong Kong. En el año 2002, el ingreso per cápita en Hong Kong era de 27.490 dólares, o sea 910 dólares más que en el Reino Unido, país del que fue colonia. La excepcional transformación de Hong Kong de una roca desolada en uno de los países más ricos del mundo sirve de modelo a las naciones pobres.

Lo que no es excepcional es la lucha de aquellos que quieren salvar a Hong Kong de interferencia política en su economía, que a pesar de buenas intenciones hacen daño. Los legisladores quieren imponer un salario mínimo, lo cual creen beneficiará a los trabajadores. Algunos trabajadores aumentarán sus ingresos, pero habrá muchas víctimas que no se ven y que perderán su empleo o no conseguirán trabajo, aumentando la tasa de 7,2% de desempleo en Hong Kong.

Los salarios, al igual que todos los demás precios del mercado, responden a la ley de la oferta y la demanda. Si aumentan los precios, cae la demanda. Cuando aumenta el costo de emplear gente, menos conseguirán trabajo. La sobreoferta de mano de obra, la cual aumenta cuando el costo de la mano de obra es más alto que lo que indica el mercado, es conocida como aumento del desempleo. En 1946, el premio Nobel de economía George Stigler señaló que el salario mínimo afecta negativamente el nivel de empleo. Ese punto de vista de Stigler goza hoy de casi total apoyo entre los economistas. La pregunta, entonces, no es si el salario mínimo hará daño, sino cuánto daño. Para tener una idea, podemos revisar la experiencia en Estados Unidos.

La ley de salario mínimo fue promulgada en EEUU en 1938. El salario por hora fue fijado en 25 centavos, equivalente al 40% del salario promedio de la época. Un año más tarde, el gobierno tenía suficiente información para concluir que entre 30 mil y 50 mil personas perdieron su empleo como resultado directo de la ley de salario mínimo. De eso hace 66 años y el salario mínimo sigue vigente, siendo hoy 20 veces más alto.

Históricamente, los más afectados por esa ley han sido los trabajadores sin experiencia o entrenamiento. Ellos compiten por puestos con otros trabajadores más experimentados y mejor pagados. Los aumentos del salario mínimo, por lo tanto, impiden que los trabajadores con menos conocimientos logren emplearse. Eso satisface a los sindicatos, cuya prioridad es proteger los bien pagados puestos de sus miembros. Pero, los trabajadores sindicalizados son apenas una pequeña proporción de la fuerza laboral y el resultado es que el salario mínimo afecta de manera desproporcionada a los jóvenes y a las minorías étnicas.

Un informe de la OCDE de 1998 concluye que un aumento de 10% en el salario mínimo reduce el empleo de menores de 20 años entre 2% y 4%. El salario mínimo tiene también un efecto negativo en el empleo de las minorías. Entre 1948 y 1995, la tasa de desempleo entre jóvenes negros en EEUU aumentó de 9,4% a 37,1%, mientras que el desempleo entre jóvenes blancos aumentó sólo de 10,2% a 15,6%, en el mismo período.

Como lo ha demostrado el economista Walter Williams en sus investigaciones en EEUU y Sudáfrica, el salario mínimo aumenta el desempleo entre los de raza negra al reducir el costo de la discriminación racial. Los empresarios contratan a más trabajadores de minorías con bajo entrenamiento, pagando salarios bajos. Cuando el salario mínimo elimina la competencia, aumenta el desempleo entre las minorías étnicas.

Las leyes de salario mínimo siempre terminan dañando a la gente que se pretende ayudar.