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13 de marzo de 2003

Preguntas incómodas sobre la política estadounidense hacia

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por Ted Galen Carpenter

Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de 16 libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).

Mientras que Estados Unidos se prepara para una guerra contra Irak, varias preguntas incómodas permanecen sin ser contestadas. La mera existencia de dichas interrogantes levanta dudas sobre la lógica de la administración Bush sobre esta política.

Si Irak representa una amenaza seria a la seguridad de Estados Unidos, ¿por qué la administración Bush ha esperado tanto para tomar acciones militares? El presidente Bush llegó al poder en enero del 2001, hace más de 25 meses. Los ataques del 11 de septiembre ocurrieron hace 18 meses. Y Bush incluyó a Irak como miembro del "eje del mal" en su discurso del Estado de la Unión del 2002, hace más de 13 meses.

En resumen, la administración Bush, por no decirlo peor, ha procedido con la mayor de las paciencias para enfrentar una supuesta amenaza a la seguridad por parte de Irak. ¿Es realmente creíble que los líderes estadounidenses esperarían 13 meses—por no decir 18 ó 25 meses—para neutralizar una amenaza grave a su país?

Ciertamente Estados Unidos no perdió el tiempo en enfrentar la amenaza representada por al-Qaeda y sus aliados talibanes. A un mes de los ataques del 11 de septiembre, el ejército estadounidense estaba derrotando a las fuerzas talibanes y de al-Qaeda en Afganistán. El contraste con el ritmo indiferente de Washington hacia Irak es chocante.

Si Irak representa una amenaza inminente, ¿por qué Estados Unidos se ha molestado en acudir a las Naciones Unidas? Otra vez, el contraste con las acciones estadounidenses en Afganistán es marcado. En este último caso, Estados Unidos invocó el derecho a la auto-defensa y tomó acciones por su propia cuenta. En el caso de Irak, los líderes estadounidenses han desperdiciado meses yendo a través de la agonía diplomática de asegurar una resolución de la ONU y las interminables semanas de inspecciones sin sentido de la ONU. Washington continúa en el juego diplomático de tratar de asegurar una segunda resolución—una que autorice explícitamente el uso de la fuerza.

Las Naciones Unidas es una sociedad de debate internacional, no un organismo de seguridad serio. Estados Unidos y las otras principales potencias típicamente han utilizado a la ONU sólo para aquellos asuntos de seguridad que son periféricos a su propia seguridad. Esquivan al organismo mundial y toman acción unilateralmente o con coaliciones mundiales en asuntos más serios. La anuencia a ir a través de una farsa diplomática de varias etapas en la ONU sugiere que las autoridades de la administración Bush, a pesar de sus declaraciones, no ven realmente a Irak como una amenaza seria a la seguridad de Estados Unidos.

Si Irak quisiera darle armas químicas y biológicas a al-Qaeda, ¿por qué no lo ha hecho en la última década? Irak ha poseído dicho armamento desde mediados de los ochenta. (De hecho, Estados Unidos ayudó a Bagdad a conseguir materias primas necesarias para la construcción de tales armas ya que Washington consideraba a Irak como un aliado de facto en su guerra contra Irán.) Al-Qaeda ha existido desde principios de los noventa. Y aún así no existe evidencia de que el régimen de Saddam Hussein le haya facilitado jamás armas de destrucción masiva al grupo terrorista. Es seguro suponer que si al-Qaeda hubiera recibido tales armas, las habría utilizado contra Estados Unidos hace mucho tiempo.

A pesar de ese amplio historial, la administración Bush sostiene que existe un grave peligro de que Irak le dé armas de destrucción masiva a al-Qaeda en el futuro. De hecho, este es uno de los argumentos clave que la administración ha hecho para justificar una guerra.

En resumen, existe una gran desconexión entre la retórica inflamatoria de la administración Bush y sus acciones hasta ahora. Si Irak en verdad representara una amenaza seria a la seguridad de Estados Unidos, la administración debió haber tomado acciones militares hace muchos meses atrás. En particular, si hubiera un peligro creíble de que Bagdad le facilite armas químicas o biológicas a al-Qaeda, Estados Unidos debió haber atacado a Irak inmediatamente después de las operaciones en Afganistán.

En cambio, la administración Bush ha procedido a paso de tortuga. Tal conducta sugiere que los comentarios estridentes sobre el peligro representado por Irak no es otra cosa que propaganda cínica con el fin de embaucar a un público crédulo.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.