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( 2 de julio de 2008)
Yon Goicoechea Ganador del Premio Milton Friedman por la Libertad 2008
(24 de abril de 2008)
Hollywood y el Che
por Ian Vásquez
El coraje de Tabaré Vázquez
por Alberto Benegas Lynch
¿Qué diablos es el mercado?
por Alberto Benegas Lynch
VIDEO: El flujo de remesas hacia Latinoamérica cae

Aquí puede escuchar una entrevista a Juan Carlos Hidalgo en Bloomberg. Hidalgo comenta los efectos de la reducción de remesas por sobre las economías de América Latina.
Libertad económica: El mejor camino para enfrentar la crisis
El domingo 9 de noviembre se cumplieron diecinueve años desde la caída del muro de Berlín. Aquí puedes leer el documento firmado por las instituciones que conforman la RELIAL (Red Liberal de América Latina) conmemorando el Día de la Libertad.
LIBRO: Libertad Económica en el Mundo; Informe Anual 2007
Aquí puedes descargar el texto entero de este libro publicado a principios de año por ElCato.org, El Economista (España) y Fraser Institute (Canadá). En este libro podrás encontrar puntajes de libertad económica a nivel mundial así como también un estudio acerca de cómo se esparce la apertura económica.
Steve Hanke en Excelsior (México)
Daniel Mitchell en Invertia (Venezuela)
Lorenzo Bernaldo de Quirós en El Diario de Hoy (El Salvador)
Daniel Mitchell en El Nuevo Herald (EE.UU.)
Daniel Griswold en El Economista (México)
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14 de junio de 2002
Veinticinco años de cambio polÃtico
por David Boaz
David Boaz es Vicepresidente Ejecutivo del Cato Institute.
Seattle Slew, el caballo que ganó la Corona Triple en 1977 ha muerto. También están muertas las ideas que eran igual de dominantes que él hace 25 años.
Atrapados en las batallas polÃticas de hoy, olvidamos lo mucho que ha cambiado el mundo desde entonces. Jimmy Carter era presidente de Estados Unidos y Tip O'Neill, quien empezara su vida polÃtica durante el New Deal de Franklin D. Roosevelt, era el vocero de la Casa de Representantes. A pesar de la usurpación de Nixon, todos sabÃan que el control Demócrata del gobierno norteamericano era permanente-al igual que el dominio comunista de la mitad del mundo.
El filósofo-estadista Pat Moyniham escribió en esa época que "El modelo americano de democracia liberal tiende cada vez más a la condición de la monarquÃa en el siglo XIX; una forma de gobierno que persiste en lugares aislados o particulares aquà y allá, y que incluso puede servir bien para circunstancias especiales, pero que simplemente no tiene relevancia para el futuro. Es donde el mundo estuvo, no a donde va. Crecientemente, la democracia es vista como un arreglo peculiar a un puñado de paÃses del Atlántico Norte".
Pero las cosas estaban cambiando debajo de la superficie. Algunas de las mismas debilidades que llevaron al pesimismo de Henry Kissinger y Moyniham-como el desastroso juego triple del gobierno en Vietnam, Watergate y la estagflación-habÃan erosionado la confianza en el gobierno que se habÃa creado con el New Deal, la Segunda Guerra Mundial y la próspera década de 1950.
Las ideas que F. A. Hayek, Ayn Rand, Milton Friedman y otros habÃan estado promoviendo durante una generación empezaban a echar raÃz en más gente. PolÃticos como Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que habÃan leÃdo a algunos de estos autores disidentes, estaban planeando sus desafÃos al consenso del estado benefactor que ya se dirigÃa al fracaso.
De manera menos obvia, los lÃderes soviéticos habÃan perdido la confianza en la ideologÃa marxista que justificaba su mando, un hecho que tendrÃa consecuencias profundas en la década siguiente. En China, Mao recién habÃa muerto y y su antiguo camarada Deng Xiao-ping estaba maniobrando para alcanzar el poder; su victoria tendrÃa un impacto que nadie podÃa prever en 1977.
Alrededor del mundo, los últimos 25 años han visto la caÃda del imperio soviético, del apartheid y de las dictaduras militares en América Latina, a la par de la transformación de China a un paÃs mucho más libre, aunque aún totalitario.
Ya no hay argumentos serios a favor del socialismo, el proteccionismo o los controles de capital. De Gran Bretaña y Suecia a Estonia y HungrÃa, de Mauritania y Nueva Zelanda a México y Uruguay, la gente ha decidido que quiere ser parte de la prosperidad global.
Puede ser que intelectuales y activistas se hayan manifestado en contra de la globalización, pero la gente optó por ella en casi toda oportunidad que se le presentó.
A menudo son los que se oponen a la libertad polÃtica y económica quienes hacen más ruido. Las protestas en calles y la violencia de los globalifóbicos desde Seattle hasta Génova pueden dar la impresión de un levantamiento multitudinario en contra del capitalismo liberal, pero asumir eso serÃa un error. Estas personas son violentas porque están frustradas, y están frustradas porque están perdiendo. En cualquier lugar que los gobiernos lo permitan, la gente ha optado por mercados y sociedades abiertas: flujos libres de información comercio, intercambio, inversión, y responsabilidad por sus propias vidas.
Claro que la clase polÃtica no se va a rendir sin pelear. Después del 11 de septiembre, polÃticos y seudo eruditos-desde el Senador Chuck Schumer en la izquierda del Estado-niñera hasta Francis Fukuyama en la derecha anti-ciencia-han declarado que el libertarianismo está muerto y que la era del gobierno grande ha vuelto.
Esta es una pretensión extraña, pues, después de todo, los ataques de septiembre 11 reflejan un fracaso masivo del gobierno federal; con US $1.9 billones y 1.8 millones de empleados fue incapaz de prevenir un ataque terrorista a Nueva York y a Washington. Fracasó en su deber principal. ¿Por qué habrÃamos de expandir los poderes del gobierno justo cuando ha demostrado su inhabilidad para cumplir con su trabajo principal?
De
hecho, los votantes parecen entender esto mejor que los polÃticos y
los periodistas. Una encuesta de ABC News mostró que el 68 por ciento
de los encuestados confÃa en que el gobierno haga lo correcto "cuando
se trata de manejar la seguridad nacional y la guerra contra el terrorismo".
Otra encuesta de ABC mostró que el 54 por ciento prefiere "un gobierno más pequeño con pocos servicios" mientras sólo un 41 por ciento prefiere "un gobierno más grande con bastantes servicios". Sin duda la diferencia serÃa mayor si los encuestadores mencionaran los impuestos requeridos para apoyar el gobierno grande.
En marzo, McKenna Research le preguntó a los americanos qué lecciones debÃa aprender el gobierno del 11 de septiembre. Mientras que un 76 por ciento acordó que "el gobierno federal necesita poner más atención a la seguridad nacional y doméstica", sólo el 17 por ciento sintió renovada su percepción de que "el gobierno debe ser más grande y proveer más servicios".
No es la era del gobierno grande la que regresó, al menos no entre la gente. Es sólo el irreprimible deseo de la clase polÃtica de extender el tamaño, el espectro y el poder del gobierno federal.
Este artículo se publicó originalmente en FOX News Online el 21 de mayo de 2002.
Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.