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8 de febrero de 2008

Nicaragua hace agua

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por Alberto Benegas Lynch

Alberto Benegas Lynch (h) es académico asociado del Cato Institute y Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

Es en verdad escalofriante la historia de este país centroamericano que viene sufriendo todo tipo de peripecias debido a los patéticos gobernantes que los nicaragüenses han debido padecer una y otra vez como una maldición imposible de revertir. Claro que, como en tantos otros casos, estas desgracias no son casualidad sino que se deben al descuido de la educación al efecto de comprender y defender los principios de una sociedad abierta.

Durante cuarenta años han soportado estoicamente los desmanes del somocismo, luego la entrega de Carter al férreo control de la guerrilla sandinista, mas adelante la corrupción e ineptitud de gobernantes como José Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), una grotesca ironía que en nada se asemeja a un partido republicano ni mucho menos liberal y, de mas está decir, tampoco constitucional.

El totalitario y prepotente Daniel Ortega volvió al gobierno con el 37% de los votos en noviembre de 2006 merced a las maniobras del mencionado Alemán con el compromiso de no denunciar sus saqueos y multimillonarias transferencias de recursos malhabidos. El desgobierno anterior del propio Ortega fue financiado por los soviéticos, ahora lo es por los iraníes y por el estridente bolivariano del Orinoco.

Resulta en verdad una afrenta al buen gusto y al decoro mas rudimentario el que la idea mas reciente que propone la oposición sea la de una amnistía general para ex gobernantes al efecto de que Ortega no siga amenazando con denuncias y así neutralizar a sus oponentes políticos.

Todos los indicadores en Nicaragua revelan problemas graves: un país devastado en su economía y diezmado en el cuadro institucional en el que su gobernante sigue despotricando contra el “capitalismo salvaje” mientras insiste con insuperable terquedad en las recetas del socialismo mas cavernario y que conduce a situaciones desesperantes para la gente necesitada. Promete tan poco ambiciosas y faltas de ingenio como que todos los agricultores tendrán una vaca, un cerdo y semillas suficientes, como si por arte de magia pudiera aumentarse la producción destruyendo todos los incentivos posibles y ahuyentando las inversiones.

También le promete a su par venezolano ayuda en granos, leche y carne que curiosamente escasean en el país de los petrodólares. Pero es que las bravuconadas de Ortega no se podrán cumplir porque Nicaragua también está con problemas alimentarios: debe importar 350 millones de dólares solo en concepto de arroz, maíz y frijoles, lo cual significa cerca de una cuarta parte de las importaciones totales.

Por otra parte, el orteguismo ha promulgado una disposición por la que se imponen los Consejos de Poder Ciudadano que son copia fiel de los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba (“aquel circo sin pan” como escribió Cabrera Infante) para reforzar la delación, el espionaje y así desvirtuar y contrarrestar toda posible oposición, al tiempo que se intensifica el adoctrinamiento totalitario y el ejercicio de la milicia revolucionaria. En este contexto (a confesión de parte, relevo de prueba) es que Ortega acaba de llamar “mi querido hermano” al terrorista, asesino y secuestrador de las FARC, Antonio Marín Marín, luego rebautizado Manuel Marulanda Vélez, conocido como Tirofijo.

En otro orden de cosas, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha declarado que en Nicaragua la libertad de prensa presenta un panorama de “incertidumbre y tiempos difíciles”, principalmente debido a las múltiples presiones ejercidas a periodistas y a raíz de la negativa gubernamental de discutir la ley de acceso ciudadano a la información pública. Asimismo, preocupa la permanente intromisión e interferencia en la circulación de noticias y en otras áreas de gobierno por parte de Rosario Murillo, la mujer de Ortega (que, dicho sea de paso, lleva el mismo nombre que una de las mujeres de Rubén Darío).

En el año que acaba de finalizar la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) protestó reiteradamente por las agresiones y la inseguridad de los periodistas. Incluso manifestaron con un simbólico ataúd con la leyenda “no hay país ni sociedad libre sin libertad de expresión y de prensa”. Entre muchas otras quejas, los periodistas nicaragüenses destacan el manejo arbitrario y discriminatorio de la propaganda oficial que administra la antes mencionada primera dama.

Solo para poner un ejemplo en este tema crucial de la libertad de prensa, una iniciativa de importancia sería, en lugar de reclamar por no recibir suficiente publicidad oficial, proponer la eliminación de la respectiva oficina estatal y en lugar de rechazar las concesiones arbitrarias de radio y televisión proponer la privatización de las ondas electomagnéticas al efecto de contar con una verdadera libertad de expresión, reduciendo sustancialmente chantajes y presiones innobles. Hoy esto puede parecer alejado de las posibilidades actuales pero resulta mas fértil y mucho mas digno que pelear por migajas que graciosamente otorga el soberano.

Hay que tener sumo cuidado con estos personajes como Ortega, Morales, Chávez y Correa porque no solo instalan un régimen de democracia tramposa al no respetar los derechos de las minorías, sino que pretenden perpetuarse en el cargo. En este último sentido debe tenerse muy presente lo que dice Robin Williams en una de las producciones cinematográficas en las que actúa: “los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos frecuentemente y por los mismos motivos”.